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Hubo una época en la que la gente trabajaba el sábado,
incluso el domingo. Era rentable porque la economía era un
fenómeno individual. Los artesanos hacían todo el
proceso. Convertían la materia prima en productos, y cuántas
más horas trabajaban, más productos podían
vender.
Hoy esto ha cambiado. Nadie hace el proceso completo. Todos dependemos
de proveedores, clientes, colegas
y para realizar nuestro
trabajo es preciso que los que intervienen antes o después
también estén en su puesto.
Afortunadamente, hoy hay algo que usted puede hacer solo. Con la
misma ilusión, dedicación, rigor y seriedad que aplicaban
nuestros abuelos el fin de semana. Divertirse.
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